miércoles 9 de diciembre de 2009

¿Arquitectura bastarda?

Mi primo Carlos, arquitecto, ha publicado este artículo en el Diario de Cádiz.

FELICIDADES!


Carlos Quevedo Rojas | Actualizado 09.12.2009 - 01:00

Algunos me citan como popular, rural, otros, como inculta, bastarda, siempre de espaldas a mi elogiada compañera "arquitectura culta", de autor, la brillante obra de arte, aquella en la que se centran las miradas de los estudiosos y analistas de nuestra disciplina desde el Renacimiento, quedando enmarcada en las más prestigiosas revistas y publicaciones.

Posiblemente no me encuentre situada entre los cánones de belleza y estilismo, quedando al margen entre lo desconocido y lo peculiar. Sin embargo, he servido como soporte al origen de nuestra existencia: el habitar.

He sido creada desde tiempos remotos por personas sencillas, gente humilde que ha necesitado adaptarse al entorno que ocupaban, con un enorme instinto de supervivencia y que aún pervive en nuestros días. He quedado, por tanto, señalada en el paisaje a lo largo de la historia como proceso de humanización, de arraigamiento del hombre en la tierra, llegando a formar parte inseparable del mismo.

La humildad y la inteligencia con que me han creado, ha servido para que me adapte perfectamente al lugar donde me sitúo, no sólo en mi forma, materia o función, sino en planteamiento, aprovechamiento y respeto al medio ambiente, marcada por una tradición y conocimientos transmitidas durante generaciones. De ese proceso de evolución comparable con la teoría darwinista, he ido perfeccionándome, desarrollando una gran variedad de tipologías que representan a la propia cultura de la gente que me habitan.

No he necesitado apoyarme en las nuevas tecnologías, instalaciones ni sistemas de construcción para ser ecológica y "contribuir" al desarrollo sostenible tan renombrado actualmente. La simpleza de crearme con los propios materiales donde me asiento, con técnicas ingeniosas para crear un clima agradable en mi interior, sin más dimensiones ni ornamentos que los que necesito para el uso al que estoy destinada, así como una sorprendente versatilidad, son más que pruebas evidentes del respeto que le tengo a la naturaleza y a mi integración paisajística.

A partir de una lógica empírica, me he configurado como un artefacto sencillo, formando parte del patrimonio popular de vuestras tierras y pueblos, donde en otros tiempos os serví como casa, molino, gañanía, graneros, establos, almazaras, etc, como base fundamental de una economía de autoabastecimiento desde la innata capacidad de creación por la imprescindible necesidad del hombre.

Entre espacios austeros y construcciones sobrias, he conseguido armonizar las relaciones entre el hombre y naturaleza, entre el interior y el exterior, entre el entusiasmo y la nostalgia, siempre en el punto de inflexión donde desaparece la diferencia entre lo material e inmaterial. Con un significado cultural que queda marcado en la tradición como factor de referencia, he logrado emocionar y satisfacer con la imaginación de unos constructores con una gran capacidad de análisis formal, funcional, espacial y constructivo.

Con claros valores históricos y etnográficos, como imagen del desarrollo de vuestra forma de vida y de ser, como vuestra seña de identidad, como vuestro lugar de disfrute y sufrimiento, quedo cada vez más expuesta al abandono con el paso del tiempo y condenada a la ruina inminente.

Y es que los avances constructivos y tecnológicos, el éxodo rural, las diferencias sociales, la inaccesibilidad física, la especulación, la falta de conservación, los nuevos usos y costumbres, hacen que, cada vez más, estemos desapareciendo, pulverizándonos en la misma tierra desde la que nacimos.

Desde mi inamovible lugar, hoy deseo expresarme para que, en nombre de todos los míos, podáis escucharnos para no caer de esta forma tan drástica, que os tengamos presentes como parte de la globalidad de la arquitectura de la que formamos parte, y nos ayudéis a no caer en el olvido ni en la ruina.

Mediante el planteamiento de soluciones específicas para conservar, defender y proteger vuestra cultura de la que formamos parte, mediante la potenciación de los valores de la misma, mediante el estudio y análisis de nuestra historia, mediante la adecuación de los usos para el disfrute de vuestra colectividad, podréis ayudarnos a sobrevivir como un día lo hicimos nosotros con vosotros.